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La Isleta de Uribitarte en la ría de Bilbao en 1868


Historias de Bilbao. La Isleta de Uribitarte en la ría de Bilbao en 1868

Imagen de la Isleta de Uribitarte, en Bilbao, en 1868

Esta isla era un espacio creado artificialmente en 1654, su proyecto se realizó bajo el auspicio y patrocinio tanto del Consulado de Bilbao como del Ayuntamiento de la villa bilbaína con el objetivo claro de evitar inundaciones.

Hacia mediados del siglo XIX en la isleta ya se habían instalado talleres, pabellones, fábricas y astilleros. En los años 60 de ese siglo en el Ayuntamiento bilbaíno ya se planteaban la posibilidad de ganar una buena cantidad de terrenos cegando el canal que separaba la isleta de Uribitarte del muelle del mismo nombre. La necesidad de controlar el territorio marítimo y ganar terrenos para los usos industriales y navieros ya previstos se constata con la iniciativa municipal bilbaína para cegar la isleta de Uribitarte y unir este trozo de tierra al muelle del mismo nombre.

Así que dos siglos después de la creación artificial de la isleta las necesidades de espacio se imponen, se necesitan terrenos para las actividades industriales, comerciales y para la instalación de vías férreas. Los nuevos terrenos que se ganen al agua servirán para instalar las vías férreas desde Ripa hasta Zorroza, donde se realizan la carga y descarga de los grandes buques que por su calado no se adentraban hacia los muelles bilbaínos.

La obra se realizó a propuesta del Ayuntamiento de Bilbao tras conseguir los informes favorables de las autoridades gubernamentales en 1867 y la autorización del Ministerio de Fomento. El Ayuntamiento bilbaíno se comprometió a ejecutar las obras y costear todos los gastos a cambio de la cesión a su favor de los terrenos cegados. La dirección de las obras, que se prolongaron desde 1869 a 1873, corrió a cargo de Pablo de Alzola.

Es muy interesante escuchar lo que tienen en su recuerdo los ya ancianos a la altura de los años de Segunda República española, sobre un espacio desaparecido y ganado para la ría por Evaristo Churruca, como ingeniero de la Junta de Obras del Puerto de Bilbao, hacia los años 60 del siglo XIX. Así, desde el muelle de la Grúa Grande, todavía lleno de huertas, podíamos ver la llamada isla de Uribitarte en medio de la ría. Era un islote donde los niños de Abando y los de Bilbao acudían para aprender a nadar con los boteros que allí les llevaban y enseñaban.

Emiliano Arriaga nos recuerda este espacio que había sido ganado al agua en el siglo XVII.

            “En medio de ella se alzaba el Polvorín, menguada construcción cilíndrica rodeada de maizales y berzales que abonaban gratis los abonados a la Glorieta para sus ejercicios de natación.

           Los más pipiolos –chiquinales que llamábamos entonces- empezaban su curso de aquel arte, cuando era terminado el curso (…)

           El varadero de las barcas, era el playazo que había a la entrada de la Glorieta por la parte de Ripa…

           Allí se desnudaba toda la chiripa y puesto el calzoncillo de reglamento… al agua patos. (…)”[1]

El espacio que ocupaba esta isla y la parte de agua que la separaban de Abando fue cegado[2] y devueltos los terrenos a la propiedad del nuevo barrio bilbaíno, gracias a las obras de encauzamiento de la ría llevadas a cabo por la Junta de Obras del Puerto en el siglo XIX.

         “…desapareció también la Isla de Uribitarte (…) por efecto de una modificación premeditada…

           Uniéndola y restituyéndola a su antiguo continente por la parte de Albia, allá por los años 70 y tantos.”[3]

 

[1] ARRIAGA, Emiliano; Vuelos Cortos de un Chimbo. (primera edición de 1894) Reed. por Ediciones El Tilo en 1994, Bilbao. (Págs. 313-314)

[2] BFA/AFB. Fondo Ayuntamiento de Bilbao. Sección Abando 0053/020.

[3] ARRIAGA, Emiliano; Ob. Cit. (Pág. 315)

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