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EL CAMINO DE SIRGA


EL CAMINO DE SIRGA

La diferencia entre dique y muelle es que los diques son muros de contención de aguas y los muelles los lugares donde atracan las embarcaciones. Ría es un brazo de mar que entra hacia el interior, por lo tanto es agua salada y está sometido a mareas y río es agua de lluvias y deshielos, por lo tanto, agua dulce.

La Ría de Bilbao es ría hasta aguas arriba del puente de San Antón, en San Cristóbal, es decir, hasta donde se hacen sentir las mareas. Margen izquierda es la que nos queda a la izquierda mirando hacia la desembocadura de los ríos o rías. En la ría de Bilbao las embarcaciones atracaban a lo largo de toda la margen izquierda para dejar libre de todo tipo de entorpecimientos la margen derecha lo que permitía que se realizara por dicha margen el arrastre de las gabarras y embarcaciones “a la sirga”, arrastradas desde tierra por bueyes o personas.

Una vez que habían conseguido atravesar la barra de Portugalete, algunas embarcaciones remontaban la ría, contra marea para poder gobernar bien la embarcación, o remolcadas por un vapor o arrastradas a la sirga por parejas de bueyes, por lo que, en toda la margen derecha de la ría, existía un muro sin interrupción desde Las Arenas a Bilbao, llamado “Camino de sirga”. Las gabarras, y demás embarcaciones de tráfico interior gozaban de los mismos beneficios que los buques de navegación. Este servicio de sirga dependía del ingeniero del puerto y la contrata se efectuaba por subasta.

El 28 de Octubre de 1871, Adolfo de Ibarreta, ingeniero del puerto, envió a la Junta Consultiva el pliego de condiciones para efectuar la subasta ya que la contrata que regía en ese momento, que era por 5 años, concluía el 28 de Diciembre de ese año. El contratista del arrastre de buques del puerto de Bilbao, había enviado una carta a Ibarreta diciéndole que desistía de continuar prestando el servicio de sirga a los buques que entraban en la ría, y pedía se le devolviera el depósito de 1.500 pts. que había efectuado, con los intereses que le correspondieran.

El poseedor de la contrata del servicio de sirga tenía obligación de disponer en todo momento, para el mencionado servicio, de 34 parejas de bueyes herrados debiéndolos presentar en el momento de establecer el contrato para que fueran reconocidos por el veterinario designado al efecto por el ingeniero. Además, debía tener siempre disponibles, de sol a sol, tres parejas de bueyes que estuvieran aguardando constantemente en la margen derecha, en Bilbao, en Olabeaga y en las canteras de Axpe, aplicándosele una multa de 37,5 pts. cada vez que faltara a esta condición. Los conductores de las parejas tenían que ser hombres, de 24 años al menos y que supieran leer y escribir. Si alguna vez eran necesarias en el mismo día las 34 parejas y no las facilitase el contratista, incurría en la multa de 50 pts. por cada vez que esto sucediera.

Tenía que contar, además, bajo multa de otras 50 pts. con cuatro representantes en Bilbao, Olabeaga, Desierto y Portugalete que se ocupaban de recibir los avisos de pedido de parejas que hacían los capitanes y patrones de buques por conducto de los jefes de fondeadero. Estos avisos tenían que hacerse seis horas antes de la salida, salvo en los casos en que fuera indispensable la presentación inmediata de las parejas; en ese caso, el capitán del buque pedía una pareja a alguno de los representantes del contratista que estaba obligado a facilitarlas en el acto.

Los representantes entregaban al boyero la papeleta, debidamente cumplimentada por los capitanes, que llevaba consigo y la entregaba al jefe de fondeadero en que se detuviera el buque. Este marcaba los kilómetros recorridos y los cargos que correspondía satisfacer a la embarcación, atendiendo al número de parejas que hubiera utilizado. Si el buque no llegaba a hacer uso de las parejas que había pedido tenía que abonar al contratista el “falso flete”. El capitán pagaba al contado al boyero la cantidad indicada en la papeleta por el jefe del fondeadero.

El contratista tenía la obligación de contribuir cada año y por todo el tiempo que durase la contrata con 100 parejas y sus respectivos conductores para el salvamento de los buques que se encontraran en peligro de naufragio, tanto en la ría como en la entrada al puerto, sin tener derecho a cobrar por dicho servicio.

Por la falta de exactitud en la presentación de las parejas o la no presentación cuando los capitanes de los buques hubieran cumplido por su parte las reglas, se imponía al contratista la multa de 125 pts. Los buques que salían del puerto sin pagar los derechos de arrastre incurrían en la multa de 125 pts.

La tarifa bajo la que se hacía el arrastre de buques a la sirga, desde 1865, era la siguiente: Por pareja de bueyes y kilómetro de ría recorrido por el buque en ambos sentidos de ascenso y descenso, 0,45 pts., por “falso flete”, 1,74 pts.

En 1879, con la navegación a vapor (el primer vapor de paletas laterales llegó a la ria en 1851) y el servicio de remolcadores, apenas se utilizaba ya este servicio, habiéndose habilitado el camino de sirga para carretera. Y cuando se efectuaba, lo realizaban mujeres u hombres indistintamente.

 

 

Firmado: Nati de la Puerta Rueda

Del libro “El puerto de Bilbao como reflejo

del desarrollo industrial de Bizkaia, 1857-1913″


Como curiosidad os dejo esta foto a ver si encontráis al menos cinco razones por las que se puede decir que es mentira:

1 respuesta

  1. 2016/12/21

    […] Alfonso Churruca fue hijo del ingeniero Evaristo Churruca al que Bilbao debe el ser uno de los puertos más importantes del arco atlántico, fue abuelo de Emilio Ibarra y presidente del puerto de Bilbao. Es un personaje de nuestra historia. Lo de quitar su nombre y llamar muelle de las sirgueras exactamente al único muelle por donde no se sirgó jamás denota la sensibilidad y el respeto que tienen por la historia nuestros administradores… El camino de sirga fue SIEMPRE el de la margen derecha de la ría, porque en la margen izquierda, en Olabeaga, estaban atracados los barcos y no se podía sirgar. http://olabeaga.org/2016/08/el-camino-de-sirga/ […]

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